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El Arsenal era una fábrica para la primera
transformación industrial de los recursos
naturales de la zona: el abundante esparto
y la más escasa madera de los montes locales.
El tratamiento industrial de ambas materias
primas se inicia en El Arsenal, simultáneamente,
en el año 1908 y se mantienen hasta 1970, año en
que se clausura la actividad maderera. La
de esparto había terminado diez años antes.
Con posterioridad, las antiguas naves albergaron
a una pequeña empresa de transformados metálicos
y a diversos talleres artesanales de tareas
relacionadas con la construcción. La
madera y el esparto son, pues, los elementos más
característicos de la memoria histórica del
lugar y de la memoria personal de muchos
jumillanos que allí trabajaron.
En las fotografías que presentamos, realizadas
por Baños en 1950, pueden verse los troncos de
pino apilados antes de que las sierras de cinta
los convirtieran en piezas para envases y
embalajes, único aprovechamiento posible dada la
baja calidad de las maderas del monte
mediterráneo. Con los residuos de la
serrería, un motor de gas pobre generaba alguna
electricidad para atender la demanda de la
propia industria. Durante muchos años, el
mismo generador dio luz ocasionalmente a
diversas actividades ciudadanas, en unas épocas
de electricidad escasa.
Del monte llegaba el esparto a las hacinas.
De éstas pasaba a las balsas, donde se cocía
durante unos quince días, tras los cuales se
tendía a secar sobre el suelo, en los grandes
espacios adyacentes a las naves. Una vez
seco, se picaba en las baterías de mazos de las
naves para dejar libres las fibras textiles de
la cascarilla vegetal. El esparto picado
era enviado a las fábricas de hilados, escasas
en Jumilla pero abundantes en Cieza y, sobre
todo, en Valencia. La industria del
esparto fue víctima natural de las nuevas fibras
artificiales, cauchos y plásticos; pero
durante muchos años tuvo una gran importancia en
la vida económica local. En primer lugar,
porque el ayuntamiento de Jumilla era el primer
propietario de espartizales de la región.
En segundo lugar, por el gran número de jornales
que la actividad inducía, tanto en la recogida
en el monte como en el tratamiento industrial.
La crisis del esparto, a finales de los años
cincuenta del siglo pasado, fue unos de los
detonantes que forzó a muchos jumillanos a
abandonar su tierra en busca de mejores
perspectivas profesionales.
ADIÓS al Arsenal
(autor: Bartolomé Medina Abellán) |